viernes, 18 de julio de 2008

Los presidenciables



A cuatro años de las elecciones federales para renovar al presidente de la república, el escenario es ya de campaña electoral. A pesar de que formalmente las campañas políticas tienen una duración de unos meses, las cabezas más visibles de los partidos están haciendo ya su esfuerzo para conquistar simpatías ciudadanas y políticas, a fin de ser bendecidos con la candidatura de su partido.
Si bien percibimos las ante-precampañas con perfecta naturalidad, éstas fueron introducidas a México por el entonces ex gobernador de Guanajuato, Vicente Fox Quezada, quien dos años antes de su elección presidencial –y al imitar la dependencia de la política norteamericana a los spots-, posicionó su nombre como si se tratara de vender algún producto de papas fritas. Antes del de las botas y las víboras tepocatas, la política mexicana no era así; el consumido régimen priísta (antidemocrático por excelencia) premiaba la disciplina sobre la popularidad, hecho sintetizado en la célebre frase de el que se mueve no sale en la foto.
Son amplias las consecuencias que esto tiene para nuestra democracia -apenas en pañales-, pues mientras la nación requiere de adecuados proyectos estratégicos con visión a largo plazo, los políticos y los presidentes, han visto como principal prioridad aplanar el terreno para el paso de sus copartidarios. Mientras apenas ha pasado una cuarta parte del periodo presidencial, las miras de los tres principales partidos políticos ya están en el nuevo sexenio. Misma situación que sucede, con sus respectivas escalas, en los gobiernos estatales y municipales.

Las apuestas en el PRD parecen muy claras: la cargada habrá de ir con el actual Jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard (hecho que podría convertirse en costumbre, pues ya serían tres de tres). Mas no por ello tendrá el camino sencillo. Por principio tendrá que enfrentarse a la llamada obsesión electoral de López Obrador y sus fans, quienes a pesar de no tener lo suficiente para ganar la campaña presidencial, son una fuerza política muy significativa (que podría ser determinante en un proceso interno). Por otra parte, Ebrard deberá ser muy cuidadoso al combinar sus planes electorales con el- aún existente-, apoyo al gobierno legitimo de AMLO, así como con la dirección del gobierno del Distrito Federal.

En el PAN, los esperanzas están en el secretario de gobernación, Juan Camilo Mouriño. Tiene la bendición presidencial y en reuniones nacionales ya es vitoreado como presidente, se encuentra en el lugar adecuado, tiene a los principales medios de comunicación nacional de su parte, posee relación directa con los gobernadores y maneja un millonario presupuesto gubernamental. Pero la verdad es que Mouriño no levanta. Las encuestas lo han indicado con mínimas preferencias electorales, no logra distinguirse de los demás actores políticos y es cuestionado por supuestos negocios ilegítimos con PEMEX. Ante ello, Acción Nacional, quien tras seis años por fin logró vida institucional (dirigida por el presidente al estilo del viejo PRI), puede tener como cartas ocultas a dos incondicionales de Calderón -Cesar Nava o Germán Martínez-, o incluso, si es que se le cumple el milagrito, postular al expresidente del PAN y anticalderonista, Manuel Espino.

En el PRI la lucha será protagonizada por el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto y por el coordinador de los senadores del PRI, Manlio Fabio Beltrones. Ahí la lucha es realmente fuerte, pues mientras Peña Nieto avanza a pasos agigantados en popularidad y busca hacer consensos con otros gobernadores priístas, Manlio Fabio se ha dedicado a estar detrás de los reflectores y a tejer redes de poder que le permitirían ganar, al menos, las elecciones internas de su partido. Es así que si el PRI, con la disciplina antidemocrática que le caracteriza, logra hacer que Beltrones apoye totalmente a Peña Nieto, estaría hoy posicionado con las mayores posibilidades de ganar la presidencia.

Así, el escenario ante-pre-electoral se antoja por demás complicado. De él, lo único seguro es que a cuatro años de la elección federal y con apenas un año y medio del gobierno federal, los siete suspirantes han rebasado ya al jefe del ejecutivo federal en el manejo de la agenda política.

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