
El pasado 27 de julio se llevó a cabo la ampliamente publicitada en el DF, consulta ciudadana sobre la reforma energética. En una sociedad acostumbrada a pensar en finales impresionantes (al estilo de las películas de Hollywood), el resultado no sorprendió: se esperaba un voto mayoritario en contra de la reforma de Calderón. Sin embargo, con un rechazo en el DF de alrededor del 85%, en la arena política sacudió hasta a sus más acérrimos críticos, quien desde entonces incrementaron sus esfuerzos por denostarla; así, dejó en claro que a pesar de los millones de pesos que gobierno federal ha gastado en spots en radio y televisión, la ciudadanía tiene un significativo rechazo a la reforma energética.
Previendo ello, el PRD quiso darle credibilidad a partir de estrictas medidas de seguridad (por ejemplo, se anunció que las boletas tendrían fibras invisibles, tinta termosensible, fondo de agua con sellos de seguridad y microtextos e imagen oculta), así como con el denominado Consejo Ciudadano Nacional, grupo de representantes de la sociedad civil que fueron los supuestos encargados de la organización de la consulta. Estas medidas estridentes en realidad no fueron garantía de la legalidad de la consulta.
Así, el amplio rechazo a la propuesta del gobierno federal debe considerarse con reservas, pues la postura del FAP gozó de no tener reales opositores. Desde que se planteó la consulta, tanto el PAN como el PRI pretendieron mostrar una actitud indiferente, mas los intentos de sus órganos en el DF por demostrar supuestas irregularidades, dejan en claro la preocupación que tenían ante la consulta. Sorprende incluso, que algunos panistas defiendan a ultranza ciertas evidencias de irregularidades de la consulta, a pesar de que en 2006 minimizaron pruebas aún más sólidas de las que ahora defienden. El PRI por su parte, debiera asumir el costo político de no sumarse a un ejercicio democrático ampliamente significativo tan sólo por no hacerle el caldo gordo a sus opositores.

El PRD está diezmado y hasta el momento no se percibe la manera en que pueda levantar. Cuando Marcelo Ebrard lanzó la propuesta en el debate del senado, parecía que los dos bloques del sol azteca se unirían en lo que ellos mismos denominan como defensa del petróleo; es claro que no fue así (¿qué entonces los podrá unir?). Mas las debilidades del PRD no sólo son internas, pues su ejercicio no demostró ni el apoyo popular esperado, ni una eficaz capacidad operativa; a pesar de que Ebrard insista en que fue la consulta con mayor votación en el DF desde 1993, ésta contó con apenas dos terceras partes de lo esperado, y los demás Estados en los que se realizó la consulta (los más fuertes para el PRD) apenas igualaron la votación del DF.

La consulta pudo haber representado una contribución a la cultura democrática de nuestro país, así como un fuerte mecanismo de rechazo a la privatización de PEMEX (en más de una ocasión se ha comentado en este espacio el por qué lo es), sin embargo, las debilidades del PRD y el pragmatismo antidemocrático del PRI minimizaron los alcances de la consulta; por su parte, el PAN no recupera credibilidad en los errores de la consulta (ni es su intención, ese trabajo se lo encargarán a sus spots). Así, la apuesta pragmática del PRI, la de estar sin estar, será nuevamente la que sume dividendos, y es por ello previsible que su propuesta de incrementar la inversión extranjera en PEMEX sin contratos de alto riesgo, sea la que termine imperando.
Imágenes tomadas, en orden superior a inferior, de: http://www.periodistadigital.com/economia/object.php?o=954546, http://www.elmanana.com.mx/notas.asp?id=69870 y http://www.jornada.unam.mx/2008/07/29/index.php?section=politica&article=008n1pol.