miércoles, 30 de julio de 2008

Entre pairos y derivas: La consulta ciudadana sobre PEMEX.


El pasado 27 de julio se llevó a cabo la ampliamente publicitada en el DF, consulta ciudadana sobre la reforma energética. En una sociedad acostumbrada a pensar en finales impresionantes (al estilo de las películas de Hollywood), el resultado no sorprendió: se esperaba un voto mayoritario en contra de la reforma de Calderón. Sin embargo, con un rechazo en el DF de alrededor del 85%, en la arena política sacudió hasta a sus más acérrimos críticos, quien desde entonces incrementaron sus esfuerzos por denostarla; así, dejó en claro que a pesar de los millones de pesos que gobierno federal ha gastado en spots en radio y televisión, la ciudadanía tiene un significativo rechazo a la reforma energética.
Previendo ello, el PRD quiso darle credibilidad a partir de estrictas medidas de seguridad (por ejemplo, se anunció que las boletas tendrían fibras invisibles, tinta termosensible, fondo de agua con sellos de seguridad y microtextos e imagen oculta), así como con el denominado Consejo Ciudadano Nacional, grupo de representantes de la sociedad civil que fueron los supuestos encargados de la organización de la consulta. Estas medidas estridentes en realidad no fueron garantía de la legalidad de la consulta.
Así, el amplio rechazo a la propuesta del gobierno federal debe considerarse con reservas, pues la postura del FAP gozó de no tener reales opositores. Desde que se planteó la consulta, tanto el PAN como el PRI pretendieron mostrar una actitud indiferente, mas los intentos de sus órganos en el DF por demostrar supuestas irregularidades, dejan en claro la preocupación que tenían ante la consulta. Sorprende incluso, que algunos panistas defiendan a ultranza ciertas evidencias de irregularidades de la consulta, a pesar de que en 2006 minimizaron pruebas aún más sólidas de las que ahora defienden. El PRI por su parte, debiera asumir el costo político de no sumarse a un ejercicio democrático ampliamente significativo tan sólo por no hacerle el caldo gordo a sus opositores.
Sin embargo el PRD tampoco queda bien posicionado. Por principio de cuentas quedó en evidencia la exponencial separación entre las fuerzas de los chuchos y los pejes, pues a penas se anunció la anulación de la contienda interna para presidente, Nueva Izquierda, en vos de Ruth Zabaleta y Carlos Navarrete, pretendió minimizar los alcances de la consulta al señalar que ésta no tenía alcances vinculatorios con la votación de los legisladores, postura que a pesar de ser cierta, posee un espíritu diametralmente opuesto al ejercicio de la consulta; asimismo, en los días previos a la consulta, Acosta Naranjo, presidente del sol azteca y miembro de Nueva Izquierda, mostró acercamientos con los líderes del PAN y PRI con fines de negociar la reforma. En la contraparte, Izquierda Unida, bloque de expresiones que postularon a Encinas, manifestaron posturas de ataque a sus correligionarios; el más significativo de ellos fue la declaración de Alejandro Encinas, acerca de que Acosta Naranjo era un títere de barro.
El PRD está diezmado y hasta el momento no se percibe la manera en que pueda levantar. Cuando Marcelo Ebrard lanzó la propuesta en el debate del senado, parecía que los dos bloques del sol azteca se unirían en lo que ellos mismos denominan como defensa del petróleo; es claro que no fue así (¿qué entonces los podrá unir?). Mas las debilidades del PRD no sólo son internas, pues su ejercicio no demostró ni el apoyo popular esperado, ni una eficaz capacidad operativa; a pesar de que Ebrard insista en que fue la consulta con mayor votación en el DF desde 1993, ésta contó con apenas dos terceras partes de lo esperado, y los demás Estados en los que se realizó la consulta (los más fuertes para el PRD) apenas igualaron la votación del DF.
Ahora bien, si la consulta no es vinculatoria, tal como los mismos perredistas afirman, ¿qué significado tiene? Por principio de cuentas no puede ser considerada como un total rechazo a la reforma, pues aunque muy significativo, el sesgo de la consulta no permite hacer esas generalizaciones. Por otra parte, aunque será la justificación moral para la lucha del PRD, la consulta no representa un hándicap, pues el argumento moral y de soberanía siempre ha estado de su parte (como muestra está su triunfo en los foros del senado). Tampoco implicará que la sociedad se incline a las posturas del PRD, pues con la amenaza de López Obrador hacia la resistencia civil, se avizora que el sol azteca seguirá conservando su mismo coto de influencia.
La consulta pudo haber representado una contribución a la cultura democrática de nuestro país, así como un fuerte mecanismo de rechazo a la privatización de PEMEX (en más de una ocasión se ha comentado en este espacio el por qué lo es), sin embargo, las debilidades del PRD y el pragmatismo antidemocrático del PRI minimizaron los alcances de la consulta; por su parte, el PAN no recupera credibilidad en los errores de la consulta (ni es su intención, ese trabajo se lo encargarán a sus spots). Así, la apuesta pragmática del PRI, la de estar sin estar, será nuevamente la que sume dividendos, y es por ello previsible que su propuesta de incrementar la inversión extranjera en PEMEX sin contratos de alto riesgo, sea la que termine imperando.


Imágenes tomadas, en orden superior a inferior, de: http://www.periodistadigital.com/economia/object.php?o=954546, http://www.elmanana.com.mx/notas.asp?id=69870 y http://www.jornada.unam.mx/2008/07/29/index.php?section=politica&article=008n1pol.

viernes, 18 de julio de 2008

Los presidenciables



A cuatro años de las elecciones federales para renovar al presidente de la república, el escenario es ya de campaña electoral. A pesar de que formalmente las campañas políticas tienen una duración de unos meses, las cabezas más visibles de los partidos están haciendo ya su esfuerzo para conquistar simpatías ciudadanas y políticas, a fin de ser bendecidos con la candidatura de su partido.
Si bien percibimos las ante-precampañas con perfecta naturalidad, éstas fueron introducidas a México por el entonces ex gobernador de Guanajuato, Vicente Fox Quezada, quien dos años antes de su elección presidencial –y al imitar la dependencia de la política norteamericana a los spots-, posicionó su nombre como si se tratara de vender algún producto de papas fritas. Antes del de las botas y las víboras tepocatas, la política mexicana no era así; el consumido régimen priísta (antidemocrático por excelencia) premiaba la disciplina sobre la popularidad, hecho sintetizado en la célebre frase de el que se mueve no sale en la foto.
Son amplias las consecuencias que esto tiene para nuestra democracia -apenas en pañales-, pues mientras la nación requiere de adecuados proyectos estratégicos con visión a largo plazo, los políticos y los presidentes, han visto como principal prioridad aplanar el terreno para el paso de sus copartidarios. Mientras apenas ha pasado una cuarta parte del periodo presidencial, las miras de los tres principales partidos políticos ya están en el nuevo sexenio. Misma situación que sucede, con sus respectivas escalas, en los gobiernos estatales y municipales.

Las apuestas en el PRD parecen muy claras: la cargada habrá de ir con el actual Jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard (hecho que podría convertirse en costumbre, pues ya serían tres de tres). Mas no por ello tendrá el camino sencillo. Por principio tendrá que enfrentarse a la llamada obsesión electoral de López Obrador y sus fans, quienes a pesar de no tener lo suficiente para ganar la campaña presidencial, son una fuerza política muy significativa (que podría ser determinante en un proceso interno). Por otra parte, Ebrard deberá ser muy cuidadoso al combinar sus planes electorales con el- aún existente-, apoyo al gobierno legitimo de AMLO, así como con la dirección del gobierno del Distrito Federal.

En el PAN, los esperanzas están en el secretario de gobernación, Juan Camilo Mouriño. Tiene la bendición presidencial y en reuniones nacionales ya es vitoreado como presidente, se encuentra en el lugar adecuado, tiene a los principales medios de comunicación nacional de su parte, posee relación directa con los gobernadores y maneja un millonario presupuesto gubernamental. Pero la verdad es que Mouriño no levanta. Las encuestas lo han indicado con mínimas preferencias electorales, no logra distinguirse de los demás actores políticos y es cuestionado por supuestos negocios ilegítimos con PEMEX. Ante ello, Acción Nacional, quien tras seis años por fin logró vida institucional (dirigida por el presidente al estilo del viejo PRI), puede tener como cartas ocultas a dos incondicionales de Calderón -Cesar Nava o Germán Martínez-, o incluso, si es que se le cumple el milagrito, postular al expresidente del PAN y anticalderonista, Manuel Espino.

En el PRI la lucha será protagonizada por el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto y por el coordinador de los senadores del PRI, Manlio Fabio Beltrones. Ahí la lucha es realmente fuerte, pues mientras Peña Nieto avanza a pasos agigantados en popularidad y busca hacer consensos con otros gobernadores priístas, Manlio Fabio se ha dedicado a estar detrás de los reflectores y a tejer redes de poder que le permitirían ganar, al menos, las elecciones internas de su partido. Es así que si el PRI, con la disciplina antidemocrática que le caracteriza, logra hacer que Beltrones apoye totalmente a Peña Nieto, estaría hoy posicionado con las mayores posibilidades de ganar la presidencia.

Así, el escenario ante-pre-electoral se antoja por demás complicado. De él, lo único seguro es que a cuatro años de la elección federal y con apenas un año y medio del gobierno federal, los siete suspirantes han rebasado ya al jefe del ejecutivo federal en el manejo de la agenda política.

Zango, zango, sabaré.


Muertes, cabezas y renacimiento. La venta política de los lamentables hechos ocurridos en el News Divine, donde murieron 12 personas, parece haber terminado con el clásico corte de cabezas. Contra todo pronóstico, Ebrard dio muestras de clase política al soportar los embates de medios de comunicación y del PAN, esperar a que fueran entregados los informes para tomar una decisión y, hecho en el que radica el reconocimiento, actuar contra sus primeros deseos y destituir a Joel Ortega de su cargo. Esperemos que tras la solución política venga la renovación policial que urge al Distrito Federal.


Muertes sin renacimiento. Al término del mes de junio, el Universal publicó datos que indican que el total de ejecuciones durante el sexenio de Calderón suman 5050, es decir, más de nueve ejecuciones por día, y algo así como una ejecución cada dos horas y media. En el mes de junio fueron más de 500 los ejecutados y las cifras muestran una tendencia a la alza. Mientras Calderón se cura en salud diciendo que él anunció que la lucha costaría vidas, la pregunta es si declararle la guerra al narco fue por prioridad nacional o de los Estados Unidos.

martes, 1 de julio de 2008

5,050 ejecuciones en el sexenio de Calderón. 505 en junio.


Aunque en este espacio tradicionalmente sólo aparecen las notas del Acitrón me he visto en la penosa necesidad de incluir este gráfico que el día de hoy aparece en el portal de Milenio. La extrema situación fue desbocada por las políticas burdas de Felipe Calderón, lo cual no sólo nos ha conducido a vivir en un estado de sitio a por lo menos la mitad del país, sino que el número de ejecuciones en México son similares a las sucitadas en Irak. El mismo jefe del ejecutivo dijo "Ya basta", pero Sr. Calderón ¿cree usted que la ola de violencia se detendrá con spots?

Ver: "5050 ejecuciones, pero vamos ganando la guerra contra el narcotráfico (aunque no lo parezca)" en http://nejayote.vox.com/